Hoy subía la escalera de casa con N. Veníamos de una garúa fina luego de una lluvia torrencial. Le decía que me pasaba de entender perfectamente a los berlineses que se desesperaban de alegría ante el más mínimo rayo de sol. Luego de treinta días donde el sol amaga pero rara vez permanece, le decía que me pasaba de sentir esa misma alegría desbocada. Le decía también que eso de sentirme tan berlinesa, tan fácil y tan rápido, no estaba bien. "Hmm -dijo N.- te hace sentir mal sentirte bien".
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