Hoy, por primera vez, puse el despertador para levantarme. Bajé en Potsdamer Platz y me extrañó que en el andén no hubiera nadie. Vi a un alemán tomar mate solo, sin siquiera hacer el amago de convidar. Escuchando unas presentaciones académicas, me di cuenta de que todavía hay gente que pretende ver un pedacito de mundo detrás de una plantilla. Volví a ver, después de meses, un capítulo de TBBT. En el U-Bahn, dos adolescentes resfriados me pidieron una carilina. Adiviné que K. tiene 30 años y que su mamá se llama N. Conocí a alguien que se llama Nga. Supe que en ruso, la porción de cuerpo que va desde la cadera hasta los dedos tiene toda el mismo nombre. Viajé por siete líneas de metro. Tomé dos buses. Pasé frío. Largo día.
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