Podría recordar a la amiga que me enseñó qué hondamente triste es hacer de una ciudad sólo el espacio de la ausencia de alguien: "acá no está, acá tampoco". Desde la ventana de Fuchsbau se veía, hoy a la mañana, un afuera tan gris como el de entonces.
A punto de sucumbir a la nostalgia que trae la lluvia, me di de bruces, al cruzar la esquina hacia mi casa, con la vieja loca que vengo viendo desde hace rato por el barrio. Anda con una especie de bonete rojo en la cabeza, una bata de toalla, ojotas y una bolsa de plástico. Siempre parece estar hablando sola. Hoy me dijo "Guten Tag" y eso solo bastó para rescatarme de las falsas ausencias.
Horas después, en la U1 hacia Uhlandstrasse, dos turcos subieron al vagón con organito a cuestas. "Nossa, nossa // assim voce me mata // ai se eu te pego // ai ai se eu te pego". La canción la detesto, pero el recuerdo que evoca no lo detesto para nada. La chica de enfrente y yo nos reímos y pagamos.
La lluvia siguió todo el día -todavía llueve- pero la nostalgia se fue con la vieja del bonete.
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