Primero fue la repartición de Berlín, luego el tercio de la URSS, finalmente el muro. Berlín quedó partida en dos, por arriba y por abajo. Arriba fueron los soldados, las paredes, las garitas de vigilancia, los alambres de púas. Abajo también.
Porque abajo estaba el U-Bahn que recorría Berlín. Hubo líneas que quedaron, completas en su recorrido, en zona soviética. Con esas no hubo problema: fueron estaciones comunistas. Hubo otras que quedaron todas por fuera de esa zona. Tampoco hubo problema con estas: las estaciones no estaban, entonces no existían.
Pero hubo dos líneas -U6 y la U8- que iban de oeste a oeste cruzando subsuelo oriental por un par de estaciones. Los soviéticos se limitaron a declararlas estaciones fantasmas. El metro occidental, cargado de gente occidental, no se detenía en ellas. Aminoraba la marcha al acercarse, pasaba lentamente por sus andenes, volvía a acelerar cuando los dejaba atrás. La normalidad se restablecía con el reingreso a occidente. En el medio, soldados con metralletas y en garitas de concreto evitaban que lo oriental y lo occidental volvieran a unirse.
Esas estaciones que eran fantasmas para los berlineses occidentales, eran, para los orientales, simplemente inexistentes. Por ellas sólo corrían vagones de metros del oeste que no se detenían. Pero las bocas, abiertas en Berlín del este, estaban clausuradas. La entrada a la estación de Potsdamer Platz, por ejemplo, fue tapiada el mismo día en que se levantó el muro y así quedó, cerrada, durante los siguientes veintiocho años.
Orwell alguna vez escribió: "Everything faded into mist. The past was erased, the erasure was forgotten, the lie became truth". Los soviéticos lo siguieron a pies juntillas. A la clausura le siguió el olvido. Las marcas de estas estaciones fantasmas fueron removidas de la superficie. En principio, según parece, para evitar que el habitante de ese pedazo del mundo pudiera identificar posibles vías de escape hacia el oeste. Luego, según agregan, para que ese mismo habitante olvidara las estaciones de metro que hubieron allí una vez y luego, en un sutil ejercicio de atacar la parte para atacar el todo, para que simplemente olvidara.
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