Me levanté tarde. Puse agua a calentar en la ollita chica porque no tengo pava. Y una mitad de pan con semillas de zapallo a tostarse en la sartén, porque no tengo tostadora. Me lavé la cara y chequee el estado de mi pelo. Volví a la cocina. Me hice un té con leche y unté queso crema del Edeka en la tostada. Me senté a desayunar de cara al sol que entraba. Leí los mails y los diarios. A falta de jugo de naranja (no tengo exprimidor), me comí un pedazo de sandía. Lavé los tres cacharros que había usado. Puse las manos arriba de las hornallas eléctricas para asegurarme de que estuvieran apagadas. Me vestí para el calor. Cargué agua en la botella y más plata en la billetera. Salí del departamento. En la entrada del edificio, sobre la escalera (no tengo casilla para el correo), estaba el Berliner Morgenpost.
Caminé la cuadra que me separa de Kottbusser Tor. Esperé el U8 hacia Wittenau. Bajé en Alexander Platz y busqué el U2 hacia Pankow. Me bajé en Eberswalder Str. Un chico en bicicleta me preguntó hacia dónde estaba Mauerpark. Le indiqué con señas y monosílabos alemanes. Caminé tres cuadras, entré al parque. Caminé en zig-zag viendo vestidos vintage, libros, revistas, zapatos usados, porcelana antigua, muebles añejos, cascos de soldados, relojes, vinilos, herrajes, vasos de cerveza, chucherías. Me compré un sombrero, tres plantas, un yoghurt de zitrone, un vaso de jugo de naranja exprimido y un falafel. Me robé unos vasitos. Mi tire al pasto a leer y a ver pasar la vida de los otros. Los otros asaban carnes y salchichas en unas parrillitas portátiles. Confirmé que continua, firme, el regreso de los ´80: mucho short con calza, mucha vincha, mucha bota corta y arrugada, mucho pantalón a la cintura.
Desandé el camino. Volví a la que hace las veces de casa. Ordené papeles. Volví a llenar la ollita de agua. Cargué termo y mate. Caminé tres cuadras hasta la orilla del río. Me tiré a la sombra, entre multitudes. Terminé de saber quién había matado a Excelencio en el asilo de viejos de Mozambique. Fui mirada largamente por no estar tomando Beck´s. Miré a los cisnes rascarse con el cogote retorcido. Miré a los cisnes ponerse culo completamente arriba y cabeza completamente abajo. Dejé de mirar a los cisnes para mirar lo que dibujaba el italiano cerca mío. Me aburrí de los cisnes, del dibujo del italiano y del mate. Me levanté y me fui.
Volví a casa. Llamé a mi mamá para dar prueba de vida. Lavé ropa. Tomé lo que quedaba de la botella de cerveza. Comí algo. Descargué fotos. Me bañé, me acosté, me dormí.
¿Qué vasitos se robó?
ResponderEliminaresos chiquitos que yo colecciono. es uno de mis actividades favoritas de mauerpark.
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