martes, 29 de mayo de 2012

día quince

No fueron las käsekuchen del Hotel California. Ni el milchkaffee de Ankerklause. Ni la isana hand & nagel balm de Rossmann. Ni el thomy de remoulade. Ni el rotbratwurst ni el chicken dönner ni las hamburguesas de Pow Wow ni el pan con semillas de zapallo. No fue ni siquiera el domingo en Mauerpark ni el olor de la U7 Rudow-Rathaus Spandau. El verdadero motivo del retorno fue Ku´damm. Me explico: las tiendas de Ku´damm.

Hoy leía las memorias del Jefe Goron, pero en realidad pensaba en un vestidito azul con lunarcitos. Salí de la Biblioteca como alma que lleva el diablo. Casi que corrí hasta la U2. Esquivé gente para tomar el tren a Ruhleben que estaba por salir. Me impacienté en el asiento porque faltaban muchas estaciones. Salí a la luz en Zoologischer Garten. Pasé todos los semáforos en rojo. Entré a la tienda. Busqué el bendito vestido. No lo encontré. Empecé a sudar. Presagié el retorno de mis ataques de baja presión. Encaré a una vendedora. ¿Cómo mierda se dirá "lunarcitos" en alemán? Quedaban sólo tres vestidos escondidos entre unas blusas. Me tembló la mano mientras buscaba el cartoncito con el talle. XS. Albricias. Dios existe. 


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