jueves, 24 de mayo de 2012

día diez

A la sargento Liliana le gustó, desde siempre, pintarse los ojos con sombra azul. Y llevar el pelo largo y teñido de rubio. Pensando en cómo solucionar el tema de las raíces crecidas, pensó en las gorras. Entonces se metió a policía. Ahora está haciendo un intercambio de entrenamiento en die berliner Polizei. Lamenta que el traje sea verde, porque no le combina con el maquillaje. Así que ella sigue usando el color patrio. Está preocupada porque esta semana le toca controlar disturbios en manifestaciones y los alemanes son grandotes. Que no se preocupe, le dijo su jefe alemán, que los manifestantes comen Bio. Más le gusta controlar turcos y negros en Kottbusser Tor. O borrachos alemanes en la U6. El aire multikulti de Berlín la pone nerviosa. Una raza tan ordenadita y, quién lo hubiera dicho, con tantos nenes desnudos en las plazas...



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