domingo, 27 de mayo de 2012

día trece

Los jóvenes alemanes de izquierda critican al Karneval der Kulturen porque cae en la exotización de las culturas y en el mero consumismo. No sé si una cosa como consecuencia de la otra. Lo cierto es que hoy, en la calle por donde desfilaban los grupos (no da para llamarlos ni comparsas ni carrozas) el perfil del público iba del púber que gritaba y tiraba papel picado al señor/a entrado/a en años que chillaba de exaltación ante el baile de los negros. Adelante mío, una señora madura en primera fila, con tremenda cámara en mano, se adelantaba dos pasos, invadía el espacio del desfile y por poco no le acomodaba el pelo al que iba a ser fotografiado. Cuando pasó desfilando un auto oficial con la bandera de algún país ignoto (yo imaginé que eran cónsul y familia) la señora llegó a correr la cortinita que tapaba la ventanilla para ver qué fantástica otredad había del otro lado. 

Pasaron, con pena y nada de gloria, tailandeses, peruanos, brasileños, angoleños y demás naciones. En cada grupo, una manada de alemanes vestidos de paisanos acompañaban al diferente. Había matronas rubias vestidas de cholitas y larguiruchas de piel blanquísima intentando moverse al ritmo de la cumbia (No recuerdo haber visto caravana de la deutsche Kultur, lo que reafirma la opinión de los amigos izquierdistas). En medio de tanta oda al nacionalismo esencialista, un grupo dio clase de vuelo poético: adentro del carro alegórico, freaks ciento por ciento alemanes desfilaban vestidos de Pokemon, Sailor Moon y demás personajes de la cultura pop japonesa. Después de ver eso, no quedó otra que irse.



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