Hoy llevé mate al curso de alemán. Lo raro no fue que todos preguntaran qué era, ni que preguntaran si era té, ni que sólo S. se animara a probar medio sorbo, ni que me miraran extrañados. Lo raro fue que todos -pero todos- se acercaran a olerlo. Vaya uno a saber con qué drogas se cruza el mate en sus imaginarios.
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